La divinidad somos nosotras

Las putas se rebelaron durante el sermon,
y la misericordia de Dios se volvió amarga.

Mientras las almas se persignaban con agua bendita en lujuria al entrar.
El humo del sahumerio desató una risa incontrolable en la congregación.
Y en el nombre del padre les otorgaron un perdón no consentido.

Ellas sabían que no actuaban en contra de los designios y voluntad del creador, y que ese perdón era humano.
Por eso de sus lenguas emanaba un imparable rio de gemidos, risas de aguardiente y vulgaridades que hasta sus propias bocas se habrían negado a repetir en cualquier otro momento.

Que la sangre entre sus piernas había dado color al grial, mas que el vino de la tienda de la esquina.

«¡Diga las cosas como son!» – clamaron al hombre en el pedestal – «¡La divinidad somos nosotras!»

Mientras 50 manos se levantaban en un «¡Amen!» ensordecedor.

Levante usted su mano, si es que puede, y póngase de rodillas, que al contrario de las suyas, mis manos si están limpias. Y la única burla aquí, esta predicando desde ese altar.

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